(Aigul Safiullina)
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No se sabe bien si La Casa Loca recibió su nombre de su creadora o de los vecinos que nunca entendieron el propósito de un edificio “raro” en la ciudad vietnamita de Da Lat. Pero se puede decir con toda certeza que la historia detrás de esa obra tiene mucha locura y coraje.

Las paredes de La Casa Loca, recién pintadas, permanecían húmedas y muy frescas. Corría el año 1990 y las herramientas de los obreros no dejaban de sonar día y noche, transformando los 2.000 metros cuadrados disponibles. Todavía lejos de estar terminada, la construcción ya tenía todos los números para convertirse en escombros. Es que a los vecinos no le gustaba la obra de la arquitecta Dang Viet Nga, hija del ex secretario general y luego presidente del país, Truong Chinh. Cada día, la amenazaban y criticaban por la falta de gusto y sentido común, pero ella seguía trabajando haciendo oídos sordos.

La arquitecta Dang Viet Nga, en La Casa Loca  (Aigul Safiullina)
La arquitecta Dang Viet Nga, en La Casa Loca  (Aigul Safiullina)

No fue la primera vez en que una creación suya causaba confusión entre sus compatriotas. Ya vivía acostumbrada a que les destruyeran sus obras, porque eran demasiado modernas para la época. Pero La Casa Loca se salvó de ese penoso destino. Una carta a Do Muoi, entonces Secretario General del Partido Comunista de Vietnam, salvó a la casa y a la arquitecta. No se acercó más ningún vecino enojado y de a poco se calmaron las aguas.

Hoy, 26 años después de aquel episodio, La Casa Loca se convirtió en un hotel y una suerte de museo que atrae a más de 1.500 extranjeros por día. Si se lo compara con las casas pequeñas del barrio, La Casa Loca es el país de las maravillas en una transformación continua. Su edificio principal tiene la forma de un tronco de árbol que se extiende y se expande en diez habitaciones para turistas, una tienda y un mini-museo. Dentro del laberinto de los árboles artificiales también se esconde la residencia de Viet Nga, donde cada día nacen las nuevas ideas.

(Aigul Safiullina)
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“Prefiero pensar fuera de lo común y crear algo que todavía no existe”, contó Viet Nga a Infobae en el living de su residencia. A sus 76 años, la creadora de La Casa Loca conserva su aspecto juvenil y está de buen ánimo. Elige vestidos largos de colores intensos y sigue participando activamente en la expansión de su obra y su casa, que ya ocupa más de 4.500 metros cuadrados. “Desde el primer día, la misión de La Casa Loca ha sido conectar la naturaleza con humanidad, algo que perdimos destruyendo en vez de crear”, explica Viet Nga al referirse a las guerras del siglo XX que hicieron mucho daño a su país.

Desde el primer día, la misión de La Casa Loca ha sido conectar la naturaleza con humanidad, algo que perdimos destruyendo en vez de crear

Ahora queda muy claro, por qué cada una de las diez habitaciones del hotel tiene el nombre de un país y de una mascota que lo representa. Un tigre es la cara de China, mientras que un oso representa a Rusia. Un águila es Estados Unidos y un canguro es Australia. Cada habitación viene con una estética muy diferente y permanece abierta a los ojos de los turistas, a pesar de estar ocupada. Sólo hay que encontrarlas todas en un laberinto de pequeñas escaleras y una muchedumbre de turistas – muchos vienen con niños – que se ven perdidos e hipnotizados, igual a Alicia en el país de las maravillas.

“El próximo paso será construir un mundo marino”, cuenta Viet Nga e invita a pasar a un espacio cerrado, donde ya está en marcha la construcción de arrecifes, corales y algunos peces artificiales. La arquitecta se acuerda de cada pequeño detalle dibujado con sus propias manos. Por la complejidad de sus proyectos y planes, no le queda más que explicarlos paso a paso a su equipo de trabajo y seguir supervisando a todos para asegurar que la construcción sea igual a lo que imaginó.

“De alguna manera estoy construyendo mi propio mundo, el que siempre soñe”, dice Viet Nga. Su nombre quiere decir Luna en el idioma vietnamita. La Casa de la Luna fue el nombre original de esta construcción pero luego se impuso La Casa Loca, cuya autoría quedó en el olvido.

De alguna manera estoy construyendo mi propio mundo, el que siempre soñé

Ser la hija de Truong Chinh claramente dejó una huella en su formación y su vida. Viet Nga todavía guarda las fotografías de su niñez con Ho Chi Minh y otros líderes del régimen comunista que cambiaron el rumbo del país. Viet Nga estudió la arquitectura en la universidad estatal de Moscú, donde vivió más de 13 años y donde también obtuvo su doctorado. Cosa de no creer, pero fue Moscú donde la arquitecta vietnamita se abrió a las nuevas ideas y decidió hacer grandes proyectos.

Tras su vuelta al país en 1983, construyó varios edificios gubernamentales, aunque no siempre con éxito… Algunos de ellos fueron demolidos casi inmediatamente, porque les parecían raros a las autoridades y a los vietnamitas en general. Viet Nga recuerda cada obra suya: las paredes de su estudio están tapizadas con sus proyectos y las fotos que demuestran un estilo extraordinario de arquitecta. “Lamentablemente, los vietnamitas prefieren destruir en vez de entender y tolerar lo nuevo y lo raro”, admite Viet Nga, aunque asegura que no siente rencor con nadie.

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Hoy, la actividad turística en La Casa Loca no solo permite mantenerla y seguir expandiendo – gracias a un ingreso mensual de más de 30 mil dólares- sino que también generó fuentes de trabajo para sus vecinos, que ya poblaron toda la cuadra con cafés, restaurantes y tiendas de todos los tipos y tamaños.

A pesar de la popularidad de La Casa Loca que crece cada año, Viet Nga prefiere la soledad y recibe a poca gente en su residencia. Se divorció hace muchos años, porque “el matrimonio fue un obstáculo para seguir creando las obras”. De sus 13 años de la vida en Moscú, le quedó una capacidad de hablar ruso a nivel casi nativo. Paradójicamente, son micros cargados con una mayoría de turistas rusos los que llegan para visitar su obra día tras día. “Los vietnamitas deben pensar que estamos todos locos en Rusia”, comentan varios de ellos al conocer el drama de La Casa Loca y su imagen en la ciudad de Da Lat.

“La Casa Loca es mi mundo y lo voy a seguir construyendo hasta mi último día en este planeta”, dice Viet Nga. En la pared principal de su living, ya pintó como imagina su último viaje: una princesa sentada en un dragón viajando a la Luna, su próximo destino después de su vida en la Tierra.

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